La enfermería debe ser A1: ¡basta de injusticias!

La enfermería debe ser A1: ¡basta de injusticias!

La legislación sanitaria española arrastra lagunas verdaderamente inexplicables desde tiempos inmemoriales. Puede apreciarse estos días con la crisis del crucero con hantavirus. Seis años después de la pandemia de COVID, nuestro país carece, por ejemplo, de unos estatutos que permitan poner en marcha la Agencia Estatal de Salud Pública prometida en 2020, no existen garantías jurídicas suficientes para imponer cuarentenas de manera urgente y faltan protocolos permanentes para proceder a los traslados de personas infectadas y para reforzar la seguridad de los profesionales que han de diagnosticarlas y tratarlas. (más…)

La deshumanización de la gestión enfermera en situaciones críticas

La deshumanización de la gestión enfermera en situaciones críticas

La humanización de la atención sanitaria no puede limitarse exclusivamente al trato hacia el paciente. También debe extenderse, de manera imprescindible, a los profesionales que sostienen el sistema en los momentos de mayor presión asistencial. Sin embargo, esta premisa parece diluirse en determinados contextos de gestión, especialmente cuando las decisiones se toman desde la distancia y sin una comprensión real del entorno clínico.

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Más papel para la enfermería en la gestión de los medicamentos

Más papel para la enfermería en la gestión de los medicamentos

Una de las principales estrategias para optimizar la gestión del Sistema Nacional de Salud en un entorno de demanda creciente, recursos limitados y restricción presupuestaria como el actual pasa por el desarrollo pleno de las competencias enfermeras. Con su habilitación activa, los profesionales de la enfermería pueden contribuir aún más a la mejora de la asistencia sanitaria, mejorar la calidad de los cuidados y racionalizar un gasto creciente como consecuencia del influjo de la elevada inflación y la llegada al mercado de terapias más resolutivas, pero también más costosas para las arcas públicas. (más…)

Un plan de choque para mejorar la salud mental

Un plan de choque para mejorar la salud mental

La pandemia de covid constituyó un auténtico detonante para la eclosión de enfermedades mentales en la mayor parte del planeta. En el primer año de estallido del virus, los trastornos por ansiedad y depresión de dispararon en torno a un 25%, según las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y también lo hicieron el empeoramiento del sueño entre la población, el consumo desproporcionado de psicofármacos, los comportamientos autolíticos o los trastornos de la conducta alimentaria, entre otros muchos. Lejos de mejorar, la situación ha empeorado desde entonces hasta ahora. Los datos del último informe del Sistema Nacional de Salud (SNS) cifran en alrededor de un 34% el porcentaje de ciudadanos que sufre algún tipo deterioro cognitivo vinculado con la salud mental en nuestro país, mientras se registran alrededor de 4.000 suicidios, a falta de los datos definitivos del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes al año 2025, que aún no se encuentran consolidados. (más…)

Cuando la evidencia no basta: el difícil camino de la humanización sanitaria

Cuando la evidencia no basta: el difícil camino de la humanización sanitaria

*a propósito de una conversación con un amigo

Durante las últimas décadas, la humanización de la atención sanitaria ha pasado de ser una intuición ética a convertirse en una corriente respaldada por evidencia científica. Sin embargo, a pesar de los estudios, las experiencias exitosas y el consenso creciente en muchos ámbitos clínicos, la realidad muestra algo inquietante: la humanización todavía no está consolidada en los sistemas sanitarios.

El testimonio de un profesional sanitario con años de experiencia en proyectos de humanización revela una preocupación que resuena en muchos hospitales del mundo: tras la pandemia, muchos avances logrados durante años parecen haberse debilitado o incluso revertido.

De la teoría a la evidencia

La humanización de la atención surgió inicialmente como una respuesta ética a una medicina cada vez más tecnológica. En unidades altamente especializadas —como las UCI— se empezaron a plantear cambios aparentemente sencillos pero profundamente transformadores:

  • políticas de puertas abiertas para familiares
  • mejor comunicación clínica
  • participación del paciente y su entorno
  • rediseño de espacios y procesos

Con el tiempo, estos cambios dejaron de ser únicamente una cuestión humanista para convertirse también en una cuestión de calidad clínica.

Diversos estudios demostraron que la participación familiar, la comunicación efectiva y el acompañamiento reducen:

  • ansiedad y estrés en pacientes
  • síndrome post-UCI
  • conflictos médico-familia
  • desgaste profesional en los equipos

La humanización dejó de ser una idea bonita.
Se convirtió en una práctica basada en evidencia.

Sin embargo, la evidencia no siempre cambia la realidad.

El retroceso tras la pandemia

La pandemia introdujo dinámicas de emergencia que obligaron a restringir visitas, aislar pacientes y priorizar la gestión de recursos. Muchas de estas medidas eran inevitables en ese contexto.

El problema apareció después.

En algunos centros, las restricciones temporales se transformaron en nuevas normas permanentes. Profesionales recién incorporados —que no vivieron el proceso de transformación previo— cuestionaron prácticas como las puertas abiertas o la participación familiar.

El resultado fue un fenómeno que rara vez se discute en las organizaciones sanitarias: la pérdida de memoria institucional.

Durante años se construyen modelos de atención más humanos. Pero cuando cambian los equipos o las prioridades de gestión, esos avances pueden desaparecer rápidamente si no están profundamente integrados en la cultura organizativa.

Cuando la humanización no es una prioridad

Otro elemento crítico es la forma en que los sistemas sanitarios priorizan sus políticas.

Cuando los hospitales enfrentan presión asistencial, crisis presupuestarias o problemas de gobernanza, la humanización suele verse como algo deseable, pero no esencial.

En muchos casos se convierte en:

  • un proyecto puntual
  • un programa liderado por profesionales motivados
  • una iniciativa sin estructura institucional sólida

Y cuando eso ocurre, su supervivencia depende del entusiasmo de unas pocas personas.

Esto genera lo que algunos profesionales describen como “quijotes de la humanización”: médicos, enfermeras o gestores que luchan durante años por mejorar la experiencia del paciente, muchas veces contra inercias culturales o administrativas muy fuertes.

De proyecto voluntarista a política estructural

Si la humanización quiere consolidarse, debe dar un paso más.

No puede depender solo de convicciones personales ni de proyectos aislados. Necesita convertirse en parte de la arquitectura del sistema sanitario.

Esto implica al menos tres cambios:

  1. Integración en indicadores de calidad
    La experiencia del paciente y la comunicación clínica deben medirse igual que se miden las infecciones o los eventos adversos.
  2. Formación estructural
    Las nuevas generaciones de profesionales sanitarios deben formarse desde el inicio en modelos de atención centrados en la persona.
  3. Liderazgo institucional
    La humanización debe formar parte de la estrategia hospitalaria, no solo de iniciativas voluntarias.

Una cuestión de futuro

La medicina del siglo XXI será cada vez más tecnológica: inteligencia artificial, monitorización remota, medicina de precisión. Pero precisamente por eso, la dimensión humana de la atención será cada vez más importante.

La pregunta no es si la humanización es necesaria.

La pregunta es si los sistemas sanitarios serán capaces de convertirla en una prioridad estructural antes de que vuelva a quedar relegada a la buena voluntad de unos pocos profesionales comprometidos.

Me interesa saber tu opinión:

¿La humanización en sanidad está avanzando… o estamos viviendo un retroceso cultural?

Más dinero para mantener la calidad sanitaria

Más dinero para mantener la calidad sanitaria

Falta dinero en la sanidad. Con lo que hay, no llega, y a la vista está. Se necesitan, por ejemplo, profesionales de toda clase y condición en primaria y especializada. En algunas especialidades médicas la carencia es un drama, y en enfermería, el déficit alcanza dimensiones siderales. El consenso apunta a que serían necesarias 100.000 enfermeras adicionales para garantizar la asistencia en tiempo y forma a los pacientes, es decir, con la máxima celeridad y calidad que se merecen.

Tampoco parecen sobrar fondos para la incorporación de las innovaciones terapéuticas. Los retrasos van acortándose, según el Ministerio de Sanidad, pero se antojan en cualquier caso insostenibles al superar los 180 días marcados por la legislación vigente. Esta tensión creciente entre una demanda casi infinita de atención sanitaria y unos recursos limitados por razones presupuestarias se palpa también en la construcción a cuentagotas de nuevos hospitales y en la reforma de los ya existentes, y se refleja en las listas de espera y, con toda probabilidad, en las agresiones a los trabajadores del sistema. La situación en este punto es límite y urge un plan de choque urgente, a la vista de los datos oficiales del propio Ministerio y los recabados por las principales corporaciones profesionales.

Dicha tensión se intensifica por tres factores: el envejecimiento de la población y la consiguiente cronificación de las patologías; el deterioro paulatino provocado por el tiempo en los activos asistenciales, y una presión asistencial adicional generada por factores exógenos al incremento de la edad. Este punto merece una reflexión profunda, al hilo de la universalización sanitaria que va a impulsar el Ejecutivo de forma paralela a la regularización de inmigrantes. Inobjetable desde el punto de vista de la Salud Pública, porque puede servir para prevenir enfermedades importadas y transmisibles, ha de ir acompañada en cualquier caso de una inyección financiera extra para que la prestación no dispare aún más las listas de espera y cuente con todas las garantías exigibles.

¿Puede el sistema sanitario soportar un incremento de la población protegida en 1,5 millones de personas? Es probable que sí. ¿Deberá para hacerlo disparar los tiempos de respuesta? Es probable que también, porque dar lo mismo a más gente con el mismo dinero resulta imposible. La importancia de este asunto trasciende la posibilidad de un acuerdo en el seno del propio Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud y debería abordarse en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, el máximo órgano de coordinación económica del conjunto del Estado. Si la apuesta es aumentar la población protegida por razones humanitarias y salubristas, deberá ir acompañada de más fondos y de un profundo debate acerca de dónde poder obtenerlos, porque para todo no hay suficiente.

PREGUNTAS CON RESPUESTA

  • ¿Qué dos CEO extranjeros de la industria farmacéutica se han enamorado de España y han decidido residir aquí pese a haber sido relevados de sus cargos?
  • ¿Qué pope socialista está poniendo trampas a la ministra a través de un organismo para que tenga más difícil levantar la cabeza en la Comunidad de Madrid?
  • ¿Qué mujer de profundos conocimientos sanitarios está mejorando notablemente la gestión en una Consejería del noreste de España?
  • ¿Qué Consejería de Sanidad de la mitad-norte de España va a experimentar cambios profundos de aquí al verano?
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Más enfermeras en residencias para cuidar mejor a los mayores

España es una sociedad envejecida. Se hace mayor casi al doble de velocidad que el promedio de la Unión Europea y a la vuelta de la esquina, en 2050, aproximadamente el 40% de su población superará los 65 años de edad. Para ese año, se estima que por cada cien personas en edad de trabajar habrá alrededor de 70 personas dependientes de 65 años o más ¿Qué hacer ante este fenómeno en apariencia imparable? (más…)

Las enfermeras sí pueden realizar labores médicas

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El envejecimiento poblacional, los profundos cambios que está experimentando la demanda asistencial, la agónica falta de profesionales, la ausencia de una financiación adecuada y el anquilosamiento de un modelo sanitario pensado para la realidad de hace cincuenta años, pero no para la de ahora imponen una profunda reorganización de los servicios sanitarios en España y en otros Estados de la Unión Europea. Una revisión Cochrane de 82 estudios internacionales que analiza el seguimiento de más de 28.000 pacientes de 20 países ofrece las pistas de por dónde deberían ir los tiros: aprovechar mucho mejor los recursos existentes y, particularmente, potenciar las competencias de la enfermería para ampliar su rol dentro del sistema.

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Liderar cuidando: la humanización como eje de la gestión y el liderazgo enfermero

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En un sistema sanitario tensionado por la presión asistencial, la escasez de recursos y la complejidad organizativa, la gestión enfermera corre el riesgo de centrarse exclusivamente en indicadores, procesos y resultados cuantificables. Sin embargo, existe una premisa que no debemos olvidar: la gestión enfermera es, ante todo, gestión del cuidado. Y gestionar el cuidado implica necesariamente humanizar. (más…)

Sin prescripción enfermera aumentarán las listas de espera

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El Sistema Nacional de Salud (SNS) se encuentra en una encrucijada crítica. La presión asistencial fruto del envejecimiento de la población lleva años disparada y los recursos para satisfacerla han crecido a un ritmo muy inferior. Aunque las autoridades han tratado de sortear dicho desajuste a base de trampas, dilatando por ejemplo la llegada de nuevos medicamentos y equipos tecnológicos más eficaces pero más caros, o escatimando gastos, el resultado resulta visible para todos: las listas de espera para consultas, pruebas diagnósticas y cirugías se encuentran desbocadas en todo el país. No solo en número de pacientes sino, lo que es más grave, en los tiempos de demora, mucho más importantes para calibrar la verdadera dimensión del drama. (más…)