El informe sobre Recursos Humanos, Ordenación Profesional y Formación Continuada que elabora el Ministerio de Sanidad es una fuente muy interesante de información para comprender lo que sucede realmente en el Sistema Nacional de Salud. El último documento, que acaba de hacerse público, revela por ejemplo que en 2024 ejercían tanto en la pública como en la privada 786.747 profesionales.
De ellos, 212.201 eran médicos y 284.232, enfermeras. Si nos ceñimos a la sanidad pública, las cifras se quedan en 176.918 y 227.098, respectivamente. ¿Es mucho o es poco? Depende. Aparentemente, es más que el año anterior, lo que debería constituir un motivo de satisfacción porque implicaría que las autoridades han comprendido, por fin, la importancia de dotar de capital humano al sistema para hacer frente con calidad y garantías a la demanda.
Por desgracia, ese motivo de satisfacción no es tal porque colisiona con la cruda realidad: el número de profesionales aumenta a menor ritmo de lo que lo hace una demanda de servicios sanitarios creciente por el envejecimiento de la población y el incremento demográfico. ¿En dónde son necesarios más profesionales? El informe los consigna por niveles asistenciales, cifrando en alrededor de 88.000 los médicos y enfermeras que ejercen en la sufrida atención primaria, y en algo más de 270.000 los que lo hacen en la atención especializada, incluyendo en este número a las matronas.
La respuesta a esta última pregunta no la da dicho registro, que debería conocerse en tiempo real en lugar de con un retraso de casi 12 meses -lo que da idea de cómo funcionan los sistemas de información dentro del SNS- para poder tomar decisiones también en tiempo real y corregir sobre la marcha potenciales carencias. La respuesta nos la ofrecen las estadísticas sobre listas de espera, y éstas no paran de crecer en algunas especialidades tanto en consulta como en cirugía, lo que conduce a la conclusión de que o bien el ritmo de contratación de sanitarios no es el adecuado, o que el modelo de gestión de dichos recursos es ineficiente, o ambas cosas a la vez.
En primaria no existen datos oficiales homogéneos por comunidades, pero los estudios que se publican con regularidad apuntan también a una demora creciente. En cualquier caso, ninguna autoridad sanitaria trabaja en corregir uno de estos dos desajustes mencionados, o ambos a la vez, lo que debería conducir a pensar que el problema lleva camino de convertirse en estructural si no se le ya pone remedio. ¿Y cómo se le pone remedio? O invirtiendo más dinero, o repensando el propio sistema, o ambas cosas. ¿Está dispuesto el Gobierno a detraer recursos de otras partidas presupuestarias para hacerlo? ¿Y las autonomías? No lo parece, por lo que la conclusión final no puede ser más negativa: hay un mal endémico y, al final, la sanidad reventará por sus costuras.
PREGUNTAS CON RESPUESTA
¿Qué razón de capital importancia ha provocado la salida de la escena sanitaria de un conocido personaje vinculado a la sanidad privada?
¿Qué preboste de un importante sector dentro de la sanidad cometió un fallo garrafal del que algunos se han dado cuenta en la última quincena de diciembre?
¿Qué futuro presidente de una conocida asociación sanitaria no puede ver ni en pintura al actual director de comunicación? ¿Por qué?
¿Qué directivo de un laboratorio pretende hacer una criba por goteo que comenzará este mes de enero?








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