Salvo que medie un milagro, la polarización sanitaria va a ser este año que arranca más acusada todavía que en 2025. El calendario electoral, la ausencia de mayorías y el enconamiento ideológico anticipan un nuevo periodo intenso de refriegas y enfrentamientos políticos que bloqueará aún más el Consejo Interterritorial y frenará previsiblemente la aprobación de reformas imprescindibles para apuntalar el Sistema Nacional de Salud.
Es este escenario minado de turbulencias, añagazas y dardos envenenados, los agentes del sector han de mantenerse serenos y no caer en la trampa ni dejarse arrastrar. La consecución de sus metas individuales es un objetivo lícito siempre que no se acometa a costa de los derechos de los demás. Traigo esto a colación del asunto más candente de los próximos meses: el Estatuto Marco, una norma cuya modernización se antoja imprescindible porque está obsoleta y es anacrónica con las nuevas realidades de los hospitales y centros de salud.
Los médicos han decidido ir a la guerra contra gran parte de los cambios planteados hasta ahora y gozan de completa legitimidad para hacerlo, pero siempre que ello no suponga menoscabo para la enfermería, una profesión históricamente minusvalorada por la administración sanitaria. Como bien recuerda el Consejo General, desde 2010 la división en licenciados y diplomados que justificaba la pertenencia a diferentes subgrupos ya no existe, pues para ser enfermera en España se exige un grado universitario de 240 créditos, de la misma forma que a otras profesiones ya encuadradas en el Grupo A1.
¿Por qué un abogado, un economista o un periodista sí forman parte de él y la enfermería todavía no? Uno de los aciertos de la reforma planteada por el Ministerio es que pondría fin a esta injusticia, al elevar a la enfermería a ese Grupo A1, que es el que le corresponde hoy por formación y por responsabilidad. En el último borrador de este anteproyecto se equipara a los grupos 6 (grado), 7 (máster o especialidad) y 8 (doctorado) del llamado Marco Español de Cualificación para la Educación Superior (Meces) con el Grupo A1 del Estatuto Básico del Empleado Público, lo que acabaría con décadas de anacronismo. En su carrera por no quedarse atrás, los médicos reclaman por su parte la creación de un Grupo A1+ para los grupos 7 y 8, con el argumento de sus horas de formación. El Consejo de Enfermería entiende por su parte que, en caso de crearse esta nueva clasificación, las enfermeras que hayan cursado la especialidad dispongan de un máster oficial o sean doctoras pasen automáticamente a formar parte de ese posible grupo, lo cual parece más que razonable.
¿Qué habría de malo en ello? Nada, pero para rechazarlo no cabe cuestionar el desempeño profesional de las enfermeras, y menos utilizar para ello datos sesgados de lo ocurrido en otros países, como Inglaterra. Defender intereses corporativos es lícito, pero siempre que se haga sin mancillar a los demás.
PREGUNTAS SIN RESPUESTA
¿Qué consejero de Sanidad del PP ha comunicado a sus más próximos su deseo de no seguir mucho más tiempo en el cargo? ¿Por qué?
¿Qué hombre omnipresente ha sido apartado de forma lenta de una Consejería de Sanidad? ¿Por qué?
¿Qué responsable de una patronal fue el primero en dar la voz de alarma contra la directiva de aguas que penaliza a la industria farmacéutica?
¿Qué adornos navideños han puesto de nuevo en la picota al gerente de un conocido hospital?









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