El día 29 de abril algunas enfermeras se dieron cuenta del óbito: Marjory Gordon fallecía. Muchas de ellas, probablemente, curiosearon por la Red ese nombre, la mayoría esperando algún dato biográfico más de uno de los referentes de la profesión (la muerte de alguien nos acerca más a lo humano que a lo académico). Las páginas necrológicas de la prensa no recogen el acontecimiento y sobre la autora aparecen pocas semblanzas.

Si se sigue buscando –aquí ya serían menos– llama la atención la falta de datos sobre la vida de esta líder de la enfermería. Algo que siempre se busca cuando alguien muere era su edad (tenemos la esperanza de que la muerte no fuese prematura, todos queremos darnos más años, aunque sea vicariamente). Retamos a que cualquiera busque ese dato de Marjory Gordon.

No es menos notable que apenas dos imágenes de esta autora son las que nos ofrece el todopoderoso Google. La gente anónima hemos dejado de ser dueños de nuestra imagen e intimidad, apenas controlamos lo que los demás ven de nosotros, ¿cómo ha hecho una mujer tan prestigiosa?

 Como es costumbre en este blog, no nos dejamos llevar por la superficie de la actualidad. Todo esto ¿sobre qué nos interroga?

 Parece cierto que todos tenemos alguna identidad en internet, y más aún figuras notables como Marjory Gordon, el resto de teóricas la tienen. Podemos rebuscar entre los restos de vida de prácticamente cualquier persona, y lo que queda en internet de nosotros, el llamado “perfil”, es con lo que se nos identifica. Una colección de retales descoloridos con los que hacer un torpe semblante, o una ingente información poco pudorosa en lo que se ha llamado la sociedad de la transparencia[1]. Esa identidad virtual ha llegado a ser la prevalente para cualquiera de nosotros. Restos y textos en Internet, que raramente se leen pero pronto nos permiten hacernos una idea de quién es el sujeto tras el nombre que tecleamos en el buscador. ¿Quién puede escapar a su “perfil”? Marjory Gordon lo ha logrado –de momento– y nada podemos decir de ella “personalmente”, no tiene identidad virtual ¡enhorabuena! Digamos con el sociólogo-filósofo:

La identidad es un sueño de una absurdidad patética. Se sueña con ser uno mismo cuando no se tiene nada mejor que hacer. Se sueña con ello cuando se ha perdido la singularidad (y la cultura es precisamente la forma extrema de singularidad de una sociedad).

Jean Baudrillard

Esta frase se presenta muy valiosa para la no-identidad virtual de la autora de los 11 patrones de valoración enfermera, resalta su singularidad, la que nos aportan sus textos, la que hace reflexionar sobre el diagnóstico enfermero y su aplicación, la que ha dado nuevas ideas y enfoques a las enfermeras que cuidaron de los ciudadanos de todo el mundo al finalizar el siglo XX y comenzar el XXI. En definitiva, nos quedamos con la cultura que nos ha ofrecido Marjory Gordon, sea quien sea la persona tras su perfil. La identidad de Gordon debería seguir siendo una incógnita para el gran público, y marcar una diferencia en la enfermería actual y futura.

 Así que de ella solo proyectaremos la siguiente imagen:

 marjory

[1] Byung-Chul Han, La sociedad de la transparencia, Barcelona, Herder, 2013.

Autor: José David Sánchez Melero

Cuaderno de bitácora de un enfermero de primaria para preservar los pensamientos de las inclemencias del mar de información en el que la enfermería navega.

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