La Sanidad explota y las enfermeras, todavía más. El mayor estudio realizado hasta la fecha en España sobre la intención de abandono de esta profesión que han liderado el Ministerio de Sanidad y el Instituto de Salud Carlos III lo deja bien claro, por si a alguien le cabía aún alguna duda. Cerca de cuatro de cada diez enfermeros y enfermeras se plantean renunciar al ejercicio en la próxima década, y un 17% -lo que equivale a casi dos de cada diez-, contempla hacerlo en el plazo de dos años.
¿Qué razones existen detrás de una decisión tan drástica? Son abundantes. La sobrecarga laboral asociada a la creciente presión asistencial y a las raquíticas plantillas, las bajas retribuciones y la contratación temporal son algunas de ellas. También las percepciones negativas sobre la seguridad del paciente y la calidad de los cuidados prestados, cuestión ésta en la que conviene detenerse, porque significa que un número importante de profesionales que trabajan en España cree que podría prestarse una asistencia mejor y con menores riesgos si hubiera mayores recursos, lo que pone de relieve el empeoramiento que está experimentando el sistema sanitario en su conjunto y las repercusiones que de ello se derivan para los profesionales que trabajan en él y para los usuarios que reciben sus servicios.
Relevante también en este este estudio, que se ha elaborado a partir de las respuestas de más de 20.000 profesionales de enfermería de todos los niveles asistenciales y de todas las autonomías, es la pésima utilización del talento en la Sanidad española, lo que incide en el hartazgo profesional y en el deseo manifestado de abandonar el ejercicio. Por ejemplo, un 34,5% de los enfermeros y enfermeras ejerce en su área de especialidad, mientras que un alto porcentaje son contratados en puestos generalistas. La brecha entre el nivel formativo y las condiciones reales de desempeño profesional constituye, obviamente, una importante fuente de desmotivación.
¿Cómo puede revertirse esta trágica fotografía plasmada en el estudio? No hay soluciones mágicas, pero sí algunas que contribuirían a revertir poco a poco esta peligrosa tendencia. La primera pasa por el incremento de fondos estatales y autonómicos para la Sanidad. Es algo irrenunciable que no puede dilatarse más. La segunda, un amplio abanico de iniciativas legislativas que abarcan desde la aprobación del Estatuto Marco hasta la Ley de Seguridad del Paciente, pasando por disposiciones de las comunidades y por cambios organizativos y de planificación. La trascendencia de los resultados que arroja este valiente informe impulsado por el Ministerio de Sanidad y la situación por la que atraviesan los recursos humanos en el Sistema Nacional de Salud merecerían incluso la celebración de un pleno monográfico del Consejo Interterritorial de Salud, el máximo órgano de coordinación sanitaria del conjunto del Estado.
PREGUNTAS CON RESPUESTA
¿Qué conocida mujer que acaba de ocupar un nuevo puesto tiene que desplegar una tarea que será estratégica en su comunidad?
¿Qué alto cargo sanitario de la izquierda anda cabizbajo y da ya por amortizada su presencia en el puesto?
¿Qué Consejería está quemada por las tareas que le encomienda el centralismo algunos fines de semana?
¿Qué consejero de Sanidad del PP dice que no quiere seguir en el puesto, pero en realidad está deseando repetir?










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