Siempre hemos defendido que en las distintas parcelas de la atención sanitaria hay que “jugar” en equipo. Cuando un ciudadano se convierte en paciente, toda una serie de profesionales compartimos un objetivo común: curar, cuidar, aliviar su dolor y verle recuperado. Y cuando en otros tiempos en lugar de ese esfuerzo colectivo había departamentos estancos, jerarquías, egos y servilismos no se abordaban los problemas de salud de forma integral, aportando cada profesional lo que mejor sabe hacer y toda la ciencia, conocimientos y habilidades que ha adquirido en su formación y la experiencia. Dentro del ámbito sanitario, como hemos comentado en otras ocasiones, donde mejor se respira este ambiente de equipo unido es en los servicios de urgencias y emergencias.

Pero quizá hay otro ejemplo donde los sanitarios son una familia mucho más unida todavía y es en el ámbito de la cooperación internacional. Porque, además de trabajar en una situación límite, al borde siempre de la resistencia física y mental, están haciéndolo a miles de kilómetros de sus casas y su entorno. En los hospitales de campaña que se montan ante catástrofes o emergencias humanitarias la necesidad hace virtud y los sanitarios trabajan codo con codo sin esa barrera invisible que vemos en circunstancias de trabajo más cómodas. Y la élite de la élite de los cuerpos sanitarios son los bautizados como “chalecos rojos”.

En realidad, la iniciativa se denomina START. Son un cuerpo de respuesta ante emergencias internacionales que puede pasar de trabajar en un hospital en cualquier ciudad española a, en menos de 72 horas, atender a víctimas de una catástrofe natural, por ejemplo. Cualquier enfermero no sirve para trabajar en estos equipos. La selección ha sido dura y minuciosa, se requiere estar muy formado, hablar idiomas, experiencia en cooperación y, sobre todo, voluntad y disponibilidad para dejar de inmediato tu puesto en un centro sanitario del sistema público para pasar 15 días trabajando sin descanso en turnos de 12 horas y durmiendo en el suelo o donde se pueda. Merece la pena destacar el ejemplo de flexibilidad laboral e institucional que supone START, porque cuando el enfermero recibe la llamada el hospital le tiene que conceder el permiso y remunerarle mientras trabaja esas dos semanas en el servicio humanitario. Es como un cambio de destino temporal y urgente, pero sin generar problemas en el sistema ni en el centro. Una buena iniciativa.

 

Autor: Florentino Pérez Raya

Florentino Pérez Raya es el presidente del Consejo General de Enfermería

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