Del discurso al liderazgo real de los cuidados

por | 04 septiembre 2026 | Invitado especial | 0 Comentarios

*Por José Antonio Ávila Olivares, secretario del Colegio de Enfermería de Alicante

La reciente modificación de la regulación del Comité de Cuidados de Enfermería de la Comunidad Valenciana es una buena noticia. Durante años, la Enfermería ha reclamado que los cuidados dejaran de ocupar un lugar secundario en la planificación sanitaria y formen parte de las decisiones estratégicas del sistema. Es un paso importante en esa dirección y merece ser reconocido.

El consejero de Sanidad ha afirmado que el Comité representa «la consolidación de un compromiso ético, científico y profesional con la salud de las personas» y que invertir en el liderazgo de los cuidados es avanzar hacia una sanidad más segura, eficiente, humana y sostenible. Son palabras con las que resulta fácil coincidir. La cuestión ya no es el diagnóstico, sino si estamos dispuestos a adoptar las decisiones que ese diagnóstico exige. Porque el liderazgo no se proclama; se ejerce.

Los desafíos globales comunes son: envejecimiento de la población, aumento de la cronicidad, pacientes con múltiples patologías y una creciente demanda de atención domiciliaria, comunitaria y sociosanitaria. Retos que tienen un denominador común: requieren más y mejores cuidados. Y hablar de cuidados es hablar, inevitablemente, de Enfermería.

La creación del Comité constituye una oportunidad, pero no resolverá por sí sola problemas estructurales que llevan décadas pendientes. Ahora hay que demostrar que se cree en el liderazgo de los cuidados.
Eso implica que la Enfermería esté donde se toman las decisiones estratégicas y no solo donde se formulan recomendaciones. Significa dotarla de capacidad ejecutiva e influencia real sobre la planificación sanitaria.

Desde el Colegio de Enfermería de Alicante consideramos que este Comité debería ser el primer paso hacia una estructura mucho más ambiciosa: una Dirección General de Cuidados. No sería una innovación extravagante, sino la adaptación de un modelo que ya funciona en otras comunidades y que responde a una realidad incontestable: los cuidados constituyen hoy uno de los principales pilares sobre los que se sostiene cualquier sistema sanitario moderno.

Parece coherente que el principal órgano estratégico sobre cuidados esté presidido por un profesional de Enfermería. No por una cuestión identitaria ni corporativa, sino por coherencia. Quien lidera las políticas de cuidados debería pertenecer a la profesión que posee la competencia científica, técnica y asistencial para planificarlos, desarrollarlos y evaluarlos.

Las declaraciones también deben traducirse en decisiones organizativas. Es difícil hablar de liderazgo mientras continúa vacante la Jefatura del Servicio de Desarrollo de Competencias de Enfermería Comunitaria, Hospitalaria y Unidades de Apoyo. Si ese servicio ha sido, como señala la propia Conselleria, clave para impulsar este Comité, reforzarlo cuanto antes con un liderazgo estable debería ser una prioridad.

Pero quizá el mayor examen de credibilidad llegará cuando el Comité aborde una de las funciones que la propia resolución le atribuye: la planificación de los recursos humanos y la adecuación de las ratios de enfermeras. Porque las cifras son tozudas.

La Comunitat Valenciana sigue por debajo de la media española en número de enfermeras por habitante y la provincia de Alicante presenta una situación especialmente preocupante, con apenas 4,88 enfermeras por cada mil habitantes, muy lejos de la ratio nacional y europea. Ninguna estrategia de cuidados será plenamente eficaz mientras quienes deben prestarlos continúen siendo insuficientes.

La solución tampoco pasa solo por aumentar el número de estudiantes de Enfermería. Formar profesionales para que posteriormente desarrollen su carrera en otras comunidades autónomas o en otros países supone una pérdida de talento y de inversión pública. Hay que crear empleo estructural, estable y atractivo que permita retener talento.

Pero hay otra asignatura pendiente: la implantación efectiva de las especialidades de Enfermería. Reguladas desde hace más de veinte años, siguen sin incorporarse plenamente al sistema sanitario. Antes de abrir nuevos modelos de práctica avanzada, sería razonable desarrollar los ya previstos por la legislación, o por lo menos hacerlo de forma paralela.

Asimismo, sería positivo que el Comité ampliara su composición incorporando representantes de Salud Pública, Emergencias Sanitarias, Enfermería del Trabajo, atención sociosanitaria, universidades, sociedades científicas y colegios profesionales. Una política de cuidados solo será sólida si integra todas las perspectivas implicadas.

Por último, incomprensiblemente persiste el obstáculo de la vigencia parcial del Estatuto del Personal Sanitario no Facultativo de 1973. Es paradójico querer construir una Enfermería del siglo XXI manteniendo parcialmente vivo un modelo organizativo concebido hace más de medio siglo, cuando la profesión ocupaba un papel muy distinto al que hoy le reconocen la legislación, la universidad y la sociedad. La derogación de esa norma dejó es una necesidad institucional.

Sería un error conformarse con el importante paso dado. La diferencia entre una reforma administrativa y una auténtica política de cuidados no es crear un comité, es convertir sus propuestas en decisiones, dotarlas de recursos y situar definitivamente a la Enfermería en el lugar que le corresponde dentro de la planificación sanitaria.

Los cuidados representan uno de los grandes desafíos de la sanidad del futuro. La cuestión ya no es si la Enfermería debe liderarlos, sino si las administraciones están dispuestas a confiar realmente en ese liderazgo. Porque fortalecer la Enfermería nunca ha sido un objetivo corporativo, sino una condición imprescindible para ofrecer una asistencia más segura, más eficiente y, sobre todo, más humana.

Autor: Invitado Especial

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