Decía Baudelaire que “una sucesión de pequeñas voluntades consigue un gran resultado”. La prescripción enfermera es una reivindicación histórica de la profesión cuando se alcanzaron los máximos niveles académicos y de eso hace ya, por desgracia, demasiado tiempo. Desde que se planteara la necesidad de dar cobertura legal a numerosas actuaciones cotidianas de la enfermería relacionadas con medicamentos o productos sanitarios son muchos los enfermeros que, desde el ámbito colegial y sindical, desde las universidades, desde las sociedades científicas, desde asociaciones de toda índole… han contribuido a que estemos cerca de subsanar una injusticia que no contribuye ni a construir un mejor sistema sanitario ni redunda en beneficio del paciente. Pero estamos de enhorabuena, sin que por ello haya que renunciar a la cautela necesaria en estos casos.

El acuerdo entre las Comunidades Autónomas, el Ministerio de Sanidad y las profesiones enfermera y médica para hacer realidad la prescripción enfermera —incluso con pequeños flecos subsanables— es uno de los últimos pasos para culminar una regulación que repercutirá de forma muy positiva en la asistencia sanitaria que se presta en toda España.

Hay que recordar que la regulación de la prescripción enfermera era imprescindible porque viene a dotar de seguridad jurídica a muchas de las actuaciones que las enfermeras y enfermeros ya están realizando cada día en hospitales y centros sanitarios. Porque la legislación vigente había convertido en ilegales muchas de las actuaciones que los enfermeros realizan diariamente como, por ejemplo, la administración de vacunas, la cura de heridas —entre ellas úlceras por presión y quemaduras—, la administración de oxitocina en el parto o la administración de analgésicos, entre otros muchos procedimientos.

Esta nueva regulación viene también a asentar las bases de las necesidades asistenciales de una sociedad que está marcada por el envejecimiento de la población, el aumento de enfermedades crónicas y el incremento de la esperanza de vida hasta edades que hace veinte años eran inimaginables. Y ante esta tesitura es necesario cambiar el actual modelo basado en el curar, a otro centrado en cuidar y donde las enfermeras y enfermeros van a ser fundamentales, porque el cuidado de las personas está en nuestro ADN, tanto en lo profesional como en lo académico.

Autor: Florentino Pérez Raya

Florentino Pérez Raya es el presidente del Consejo General de Enfermería

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