Nuevo curso laboral, mismas intervenciones enfermeras

por | 14 septiembre 2015 | Lo que me queda en el plato - Marilourdes de Torres | 0 Comentarios

Los animales engullen, los hombres comen; y el hombre sabio, sabe comer inteligentemente” (Jean A. Brillat-Savarin)

Realmente, el curso laboral al igual que el curso escolar, comienza después de las vacaciones de verano. Para octubre se programa la formación continuada, se retoman las reuniones de los proyectos ya comenzados o se da inicio a las de los nuevos proyectos. Después del verano, es cuando de verdad comienza un nuevo año, y no cuando nos comemos las uvas ¡que también! pero más simbólico.

De ahí el título de este post, porque comenzamos otro curso de proyectos nuevos o proyectos guardados en naftalina hasta que alguien –con poder- dé el pistoletazo de salida y los desempolve. Pero las intervenciones enfermeras en materia de nutrición, me temo que van a tener que seguir siendo las mismas, porque todavía estamos muy lejos de haber conseguido los objetivos:

1-Control y seguimiento de la DRE (desnutrición relacionada con la enfermedad).

2-Educación a la población en el consumo de menos sal, menos azúcar, menos grasas trans.

¡¡¡Ay, Marilourdes, siempre repitiendo lo mismo!!! Pues sí colegas, tenéis razón, pero es que los resultados no acompañan a la Sanidad, así que las enfermeras vamos a tener que dar otro empujón y hacer lo que mejor sabemos… ¡educar y cuidar a la población! Y también, hacer formador de formadores con aquellas colegas nuestras que por su actividad asistencial no están tan cerca de pacientes ni usuarios.

En todos los abordajes específicos, incluidos dentro del tratamiento de la cronicidad, aparecen estos dos enunciados. En el Observatorio de la Nutrición y Estudio de la Obesidad –de la AECOSAN- aparecen estos dos enunciados. En nuestra formación continuada, aparecen temas relacionados con estos dos enunciados. Y es que ambos dos enunciados, ambos dos objetivos son de obligado cumplimiento para una enfermera, porque el hecho de que ambos dos objetivos estén muy lejos de aproximarse a buenos resultados, hace que el SNS se encarezca, porque la morbi-mortalidad aumenta y engancha a otras patologías.

1.- Según los datos del estudio PREDYCES*,  la DRE afecta a todos los niveles de la atención sanitaria -Atención Primaria, Atención Especializada y Atención Sociosanitaria- con una prevalencia elevada, ya que uno de cada cuatro pacientes hospitalizados está en riesgo de desnutrición o desnutrido (23,7%) y este porcentaje aumenta al 37% entre los mayores de 70 años, afectando fundamentalmente a pacientes con enfermedades neoplásicas o cardiocirculatorias o respiratorias; sin contar con la gran lacra del paciente desnutrido, como son las UPP (úlceras por presión)

Las enfermeras que ya tenemos muchos trienios acumulados, podemos recordar hoy aquello que nos decían en la Escuela de Enfermería de “Paciente ulcerado, paciente olvidado: mal alimentado y mal movilizado”…y desgraciadamente el paso del tiempo no ha mejorado la situación, ya que muy al contrario, sigue estando de rabiosa actualidad.

A pesar del interés profesional que manifiesta la enfermera, a pesar del interés científico y social que supone la atención y el tratamiento de la persona con DRE, este problema no está tratado  adecuadamente, bien por desconocimiento de la magnitud alcanzada, bien por no darle la valoración global adecuada, bien porque todavía no está implementada  de forma generalizada, la realización de cribado nutricional en los tres niveles asistenciales.

2.- Arrastramos la “moda” de que profesionales y profanos hablen de la reducción de azúcar como si del “bálsamo de Fierabrás” se tratara para obtener salud y perder kilos. Yo hago el matiz de reducir los azúcares añadidos en los alimentos y sirva como ejemplos el de no añadir azúcar a la leche, que ya tiene la suya propia y se llama lactosa….O no añadir azúcar al zumo de frutas, que ya tiene la suya propia y se llama fructosa,…etc. Eso dista mucho de la tendencia a “vivir sin azúcar”

Sin embargo, todavía no detecto ampliamente que -profesionales y profanos- hablen de reducir la sal de adición en los alimentos frescos, o la reducción de ingesta de alimentos procesados y ricos, muy ricos en sal. Por el perjuicio del sodio, la OMS considera la reducción del contenido de sal en los alimentos como una intervención urgente sobre la población, porque eso conlleva buenos resultados en prevención de enfermedades, mejora de la calidad de vida y aumenta las vidas salvadas. En definitiva por tanto, un ahorro considerable de costes sanitarios, a los gobiernos.

En este asunto, las intervenciones van dirigidas en dos direcciones, una la que ya está llevando a cabo la AECOSAN -a través del Observatorio- sobre la concienciación y ejecución con las empresas alimentarias. Y otra la que los profesionales –en este caso las enfermeras- debemos seguir realizando respecto de la formación, la información y el adiestramiento nutricional con la población, sana o enferma.

Ambas intervenciones en sinergia y debidamente coordinadas, son vitales para la reducción de las ENT relacionadas. Sin olvidar ningunos de los dos actores, que la sal, además de un potenciador del sabor que mejora la palatabilidad, cumple funciones de seguridad alimentaria por su capacidad de conservación para determinados productos, así como por prevenir la contaminación por microorganismos. Unido a que el líquido intersticial de nuestro organismo, tiene y necesita sal.

El otro objetivo,  la reducción de la ingesta de grasas trans, también debe tener dos direcciones. Los AGt a los que nos referimos, no son tanto los que por naturaleza existen en algunas carnes y algunos lácteos, sino los obtenidos por un proceso industrial a partir de aceites vegetales parcialmente hidrogenados y que están asociados con algunas patologías por ejercer efectos adversos sobre el metabolismo de los ácidos grasos, con aumento de la concentración de colesterol LDL y reducción de colesterol HDL en la sangre. Y este efecto es muy superior al que ya ejercen las grasas saturadas

Respecto de moderar la ingesta de grasas trans, tanto la EFSA, como la AECOSAN, como la FESNAD (referentes para las enfermeras de nutrición españolas) recomiendan educar a la población en el consumo de alimentos sin adición de ácidos grasos trans, ya que existe evidencia científica de la relación causa efecto entre el consumo de estas grasas con la enfermedad coronaria y la obesidad; sólo existen indicios en la acción sobre la diabetes. Aunque no existen resultados concluyentes sobre su efecto en el cáncer.

Dado que se demostró su efecto adverso sobre la salud, la AECOSAN mantiene activos el control y los estudios de contenidos de estas grasas, para lo que resulta imprescindible la colaboración de la industria. Esta colaboración está consiguiendo la contención de estas grasas hidrogenadas en algunos productos procesados, aunque todavía no se ha conseguido su desaparición, pero estamos en niveles de contenido mínimo. (En España está limitado el contenido de AGt en fórmulas infantiles siguiendo una directiva comunitaria de aplicación en toda la Unión Europea).

 Y recuerda siempre que los cuidados nutricionales son fundamentales y son enfermeros. “Puede existir cuidados sin curación; pero nunca existirá curación sin cuidados” (Madelaine Leininger)

Autor: Marilourdes de Torres

Delegada de nutrición del CGE; coordinadora del CC de ADENYD, secretaria general de UESCE; pero sobre todo me considero ENFERMERA PRESCRIPTORA.

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