¿Existe un posible equilibrio entre salvaguardar la salud de la población y la supervivencia de miles de negocios y empleos vinculados al sector turístico? La pandemia de COVID-19 se ha llevado muchas vidas en nuestro país —casi 30.000— de forma directa, pero la pobreza y la ruina también matan. Claro que tiene que anteponerse la salud de la población a todo lo demás, pero existe una vía para minimizar los contagios y poder hacer uso y disfrute de establecimientos públicos, ya sean hoteles, restaurantes o zapaterías.

La población debe respirar un poco de aquella normalidad prepandemia, de aquella forma de vida que quizá no valorábamos lo suficiente. Sin embargo, para vivir un verano con la dosis de ocio y descanso que nos permite la situación actual hacen falta grandes dosis de civismo, compromiso y solidaridad. Estos han sido valores muy presentes cuando el coronavirus golpeaba con fuerza a la sociedad confinada, cuando los sanitarios se dejaban la piel y la vida para salvar la de los pacientes infectados. Por desgracia, observamos que una parte de los ciudadanos actúa movida por el egoísmo y no respeta ni las medidas higiénicas ni las necesarias distancias de seguridad.

Las playas, de las que hablamos en el último número de Enfermería Facultativa, son uno de los tesoros naturales y turísticos que tiene España. Los municipios costeros están haciendo un esfuerzo ímprobo por regular y garantizar la seguridad en las playas. Las enfermeras que cada verano trabajan en las playas para atender todo tipo de percances este año se enfrentan a una temporada complicada. Para empezar, además de su labor habitual, tendrán que estar atentas a cualquier brote epidémico que pudiera darse en localidades costeras en la época de máxima afluencia. Pero una parte crucial va a ser, sin duda, la labor de educación para la salud con la población sobre la misma arena. Hacerles comprender cuán importante es respetar las normas que reducen las posibilidades de contagio.

La forma de explicar por qué debe prevalecer el civismo sobre la insolidaridad, con razones de peso y desde la visión de una autoridad sanitaria seguro que cala, incluso en los más jóvenes.
Debemos confiar en los ciudadanos y agradecer la labor de esas enfermeras y enfermeros soportando temperaturas de justicia, siempre alerta mientras otros se divierten. No arruinemos el verano después de haber sufrido el rigor del confinamiento. Seamos prudentes y solidarios. Merece la pena.

Autor: Florentino Pérez Raya

Florentino Pérez Raya es el presidente del Consejo General de Enfermería

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