La sociedad tiene algunos problemas que esconde bajo la alfombra como si no existiesen. El suicidio es uno de los mayores tabúes, la conversación más incómoda, la que nadie quiere mantener. Hasta los datos son desconocidos y poco certeros, en el sentido de que hay un número importante de suicidios que pasan por ser un accidente y no engrosan las estadísticas oficiales.

En nuestra cultura, si un familiar decide quitarse la vida no se comenta y se suele disfrazar esgrimiendo otra causa más aceptable socialmente a la hora de explicar su muerte. En muchos casos queda un poso de dolor muy profundo cuando uno piensa que no le dio un motivo aceptable a la persona fallecida para querer vivir, que no le pudo ayudar de ninguna manera.

Pero los problemas que llevan a un ser humano a renunciar a lo más preciado que tenemos son de naturaleza diversa, pero siempre de enjundia. Situaciones de desesperación de las que resulta muy difícil escapar. Trastornos mentales, especialmente la depresión, desarraigo social, conductas adictivas, estrés crónico, enfermedades que cursan con intenso dolor y padecimiento…

Son algunas de las circunstancias personales comunes a los casos de suicidio.

Será difícil evitar muchos de estos casos, pero imposible si no se trabaja en la prevención, si no se tiende una mano a las personas que sufren hasta el extremo de no ver salida. Los profesionales sanitarios de todas las disciplinas pueden ser el salvavidas al que se aferran muchas personas antes de destrozar con su desaparición a todos los que les han querido y ofrecido su amistad. Los enfermeros y enfermeras son la puerta de entrada a un programa de prevención que ayude al afectado.

Sin embargo, desde el Consejo General de Enfermería debemos reclamar la puesta en marcha de más programas especializados como los que existen a nivel regional o local en Navarra, Madrid, Cataluña, Orense u Oviedo. Debería plantearse la necesidad de incrementar —o instaurar esta figura— del personal especializado en la prevención del suicidio en todos los hospitales y en muchos centros de salud. Si hay una puerta a la esperanza para las personas en una situación límite, los enfermeros debemos abrirla.

Autor: Florentino Pérez Raya

Florentino Pérez Raya es el presidente del Consejo General de Enfermería

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