No hay mejor analogía para explicar la falta de profesionales que vivimos estos días que esas historias infantiles o bíblicas en las que alguien avisaba a la comunidad de un peligro inminente —sea un lobo o una inundación global— y quienes podían haber actuado para evitar un mal no hicieron nada, despreciaron el peligro, le dieron patada a seguir al balón para que el problema afectará a sus sucesores. Llevamos años demostrando con datos en la mano —la Organización Colegial de Enfermería y otras instituciones enfermeras— que España no tenía enfermeras suficientes.

Que si nos comparamos con los países de nuestro entorno estamos a una distancia abismal en lo que se refiere al número de enfermeras por cada 100.000 habitantes. Nos situamos en el furgón de cola de la Europa comunitaria, con países de otro nivel de desarrollo socioeconómico y con un sistema sanitario que no se puede comparar con el nuestro. Y decíamos también, con la seguridad que da apoyarse en la evidencia científica, que esa falta de enfermeras se traducía en una mayor morbilidad y mortalidad de los pacientes. Sin embargo, los políticos hicieron oídos sordos a un escenario de falta de profesionales que iba a poner en peligro la atención a una población envejecida y aquejada de dolencias crónicas como es la de nuestro país. Ahora pagamos las consecuencias de no haber tomado en serio las advertencias de la Enfermería.

Sumidos en la mayor crisis sanitaria que hayamos conocido, la falta de planificación de recursos humanos de las décadas precedentes se manifiesta en un sistema que zozobra por la falta de profesionales. Si se podían ahorrar salarios en enfermeras —por supuesto especialistas menos aún—, ¿para qué iban a proporcionar a los pacientes la oportunidad de ser atendidos por enfermeras que no estuvieran saturadas? Ha sido un error y una miopía histórica por parte de la Administración Central y las Autonómicas. Ahora no hay suficientes enfermeras en UCI, no hay enfermeras en los colegios, los centros de salud no dan abasto y además hay que hacer la esencial labor del rastreo. Corrijamos este error histórico y pongamos las bases de la Sanidad del futuro.

Exigimos una planificación de recursos humanos sanitario realista, basada en criterios y conocimiento técnico, que dé solución de una vez a este grave problema. Invertir en enfermeras es invertir en salud.

Autor: Florentino Pérez Raya

Florentino Pérez Raya es el presidente del Consejo General de Enfermería

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