El cuidar se sitúa en la misma génesis del hombre. Es el cuidado el que le ha dado forma y protección permanente y por ello cuidar del “homo” es el modo de humanizarse, de ennoblecerse como hombres y mujeres. Me da la impresión, de que cuando hablamos de proporcionar cuidados a la población trascendemos la pura técnica, asumiendo así una notable responsabilidad sobre el bienestar y la propia vida de las personas enfermas o sanas.

Esto es algo que vemos todos los días en nuestros centros sanitarios. Lo hemos experimentado, con “temor y temblor”, como diría Soren Kierkegaard, durante la pandemia que hemos sufrido en la que han sido numerosas las enfermeras fallecidas en el ejercicio de su tarea, en España y en el mundo entero, mientras trataban de protegerse con bolsas de  basura, en sus inicios, como virtual barrera para no contraer el virus…

Y cuando el Ministerio de Sanidad realiza sus sondeos para evaluar como percibe la población las diversas profesiones, sistemáticamente, la enfermería y la medicina aparecen valoradas en primer y segundo lugar alternándose sucesivamente. Pero, observemos la paradoja. Cuando a esas mismas personas se les pregunta si les gustaría que sus hijos e hijas fueran enfermeras/os inmediatamente responden que no. Profesión, pues, mejor valorada pero no deseada para nuestros hijos.

Inmediatamente nos surge el tema central que da respuesta a esta incongruencia: “Cuidar al cuidador”. A los que hemos elegido esta actividad como profesión se nos exige, entre otras cosas, llevarla a cabo con un sólido sentido de humanismo. Por eso se habla reiteradamente de humanización de los cuidados. Una humanización entendida tradicionalmente como entrega incondicional, veinticuatro horas al día durante los 365 días del año, de mañana, tarde y noche, los días de diario, los sábados, los domingos y los festivos, con una sonrisa permanente, la mano tendida, nunca haciendo daño, siendo justos, benefícienles, respetando por encima de todo la autonomía de nuestros pacientes, su intimidad, la confidencialidad, doblando turnos cuando una compañera se pone enferma, disponibles siempre para cambiar de servicio y tener que acudir un día al servicio de pediatría cuando tu quehacer habitual se desarrolla en medicina interna o en oncología, por poner un ejemplo.

¿Conocemos algún profesional más versátil que una enfermera? ¿Conocemos a alguien con mayor capacidad para adaptase, con facilidad y rapidez, a diversas funciones? ¿Conocemos el coste personal que esto tiene para la enfermera? Y nada de pensar en un reproche, en una protesta, menos aún en una huelga porque vocacional, ética y deontológicamente no es compatible con el profesionalismo enfermero.

Hemos de ser excelentes, traducido a un lenguaje más llano, hemos de ser “lo más” …; ¿Y qué es ser lo más? Yo desde estas páginas trataré de definirlo adecuadamente.

Autor: Rafael Lletget

Tratamos de recuperar la esencia de la perspectiva humanista buscando su lugar en el ámbito de los cuidados enfermeros. El ser humano , más allá de eslóganes y frases oportunistas, constituye el centro de la praxis enfermera.

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