En mi último artículo, concluía la reflexión afirmando, no sin lo que entendí como clara ironía, que cualquier reivindicación, protesta, reproche o, no digamos aún, huelga enfermera son incompatibles con nuestra vocación, nuestro compromiso ético-deontológico y, por ello, con lo que entendemos como “profesionalismo enfermero”, esto es, el cultivo de la profesión como legítimo medio de vida.

Un buen amigo, siempre inclinado a realizar crítica constructiva de la que tanta necesidad tenemos en el estado de cosas de nuestra actual situación social, me advierte de que esa afirmación podría interpretarse como sinónimo de “sumisión enfermera” o, al menos, así lo percibe él al tener la deferencia de leerme.

Quisiera, por lo tanto, profundizar algo más, en el limitado espacio que generosamente me ofrece nuestra revista, no tanto para ahonar en mi posición a este respecto, creo que ya suficientemente expresada en escritos anteriores cuando he descrito los perfiles que, a mi entender, deben constituir un nuevo humanismo enfermero que se aleje, precisamente, de la trampa a la que nos ha conducido una errónea comprensión de ese profesionalismo.

Me interesa aprovechar esta idea de “sumisión” en su doble significado. De un lado, como sometimiento de alguien a otra u otras personas y, de otro, como acatamiento, subordinación manifiesta con palabras o acciones…. ¿Acaso nuestro otrora oficio, hoy profesión consolidada en la legislación vigente, ha sido víctima en algún momento de su historia de esa situación así entendida? Y, si hemos pasado por ello, ¿hemos superado ese lastre, no pocas veces consentido, de tal modo que, a día de hoy, las enfermeras y enfermeros en España y en cualquier otro lugar del mundo seamos, en la realidad, no en los discursos académicos y/ corporativos, siempre indicadores de nuevos caminos, profesionales verdaderamente autónomos y dueños de su futuro?

A raíz de la pandemia, entendida como oportunidad de trasmitir la mejor de las imágenes de la profesión, creíamos haber emprendido el camino de la recompensa de toda una sociedad para con una profesión que se había jugado la vida, como otras —por qué no decirlo—. Algunos, o muchos, pensamos que, a pesar del sufrimiento que ha conllevado tanto dolor a las familias, la profesión obtendría un reconocimiento que hiciera justicia con su formación, su entrega y su capacidad de empatía y humanismo con tantas víctimas. No son muchas las ocasiones en las que padecemos injusticias que nos sobrepasan y conducen a situaciones de extrema opresión, como la pérdida radical de la libertad a la hora de exigir los derechos que nos corresponden como personas y como profesionales. Es entonces cuando algunos sacáis, milagrosamente de sí lo mejor que poseéis. Recordando al desconocido Dietrich Bonhoeffer, creo que esto no es sumisión sino resistencia…

Autor: Rafael Lletget

Tratamos de recuperar la esencia de la perspectiva humanista buscando su lugar en el ámbito de los cuidados enfermeros. El ser humano , más allá de eslóganes y frases oportunistas, constituye el centro de la praxis enfermera.

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