En los próximos tres años vamos a presenciar tres eclipses solares que serán fácilmente observables en España. Nunca antes la Península se había enfrentado a un hito astronómico de tal envergadura. La observación de estos eventos es fascinante, pero la seguridad visual se convierte en un factor crítico y la diferencia entre un recuerdo insuperable y una lesión irreversible.
El principal riesgo al que nos enfrentamos es a la retinopatía solar, una lesión fácilmente prevenible, pero sin cura aparente. La falta de prevención es uno de los principales factores que explican el incremento de lesiones o enfermedades oculares entre la población, pero no es el único. La escasa concienciación, las revisiones insuficientes o los malos hábitos de vida, así como la cronicidad de la población influyen en el cuidado de la visión.
Por eso sigue siendo imprescindible la labor de prevención y educación para la salud por parte de las enfermeras, ya que, aunque España ha avanzado en el cuidado de la visión, la prevención sigue siendo una asignatura pendiente. Muchas lesiones graves de la visión continúan produciéndose por desconocimiento de los riesgos y la falta de hábitos preventivos. Y es que la población todavía no percibe que acciones como mirar un eclipse sin protección, exponerse a la radiación UV sin gafas homologadas o no protegerse en determinados trabajos puede causar daños graves y permanentes.
En el caso de fenómenos tan irrepetibles como son los eclipses, el problema no reside en que cada año aumenten las lesiones, sino que las que aparecen son absolutamente evitables si se siguen las recomendaciones de protección adecuadas. Como enfermeras tenemos la obligación de alertar de los potenciales riesgos para así prevenir daños irreversibles en la salud visual de la población. A través de la evidencia científica informamos de la importancia del buen uso de los medios de prevención y los protocolos a seguir en caso de daño ocular. Ahí reside la importancia de nuestra labor preventiva.










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