¿Quién cuida a la enfermera?

Una enfermera se levanta por la mañana, en torno a las 6.15-7.00 am. Normalmente es madre o padre de familia y, antes de salir de casa, debe realizar algunos arreglos básicos: el uniforme de los niños, prepararles lo que llevarán de tentempié para media mañana y otras muchas “pequeñas cosas” que todos sabemos son parte del quehacer diario. Debe estar a las 8 menos cuarto en su lugar de trabajo, atravesando las horas punta del tráfico y otros inconvenientes. Muchos utilizarán transporte público. Basta con adelantar la hora de despertar entre media y una hora más.

Después, tras haberse cambiado de indumentaria, iniciarán su trabajo que consiste en cuidar de los demás y hacerlo con profesionalidad o, como se insiste ahora, con “profesionalismo”, es decir, calidad humana, ética y científica, excelencia exigible a quien ha de habérselas a diario con seres humanos en situación de auténtica fragilidad. No se admite el “despiste”, no hay distancia entre el error humano y la negligencia, la concentración ha de ser máxima, la disponibilidad absoluta, el retraso no puede existir a la hora de iniciar una actividad, las buenas maneras, la sonrisa…, todo ha de ser perfecto incluso la atención a tantos imprevistos como se producen a lo largo del día…

Lo importante es la seguridad del paciente, su bienestar y, en el momento actual, prevenir en la medida de lo posible la agresión verbal o hasta física de algún usuario que se siente insuficientemente atendido, mal informado o, sencillamente, que no obtiene la respuesta que espera…

Para preservar esa seguridad del paciente, la enfermera tiene además el derecho y la obligación de mantenerse al día. Ello requiere la participación en programas de formación continuada que acrediten el mantenimiento de su competencia a lo largo de la vida profesional.

Naturalmente, las más de las veces, fuera de su horario laboral porque las ratios enfermeras o la cobertura de bajas no permiten disponer de días para cumplir con esta obligación. Luego vendrán también las dificultades para disponer de fines de semana libres para compartir las horas de ocio con la familia y/o los amigos, la imposibilidad tantas veces de planificar las relaciones sociales por los cambios de horario, turnos de trabajo, etc.

Todo esto y mucho más es casi constitutivo de la naturaleza enfermera hasta el punto de que se ha incorporado a la normalidad de las cosas. Es un precio que se paga por una sola razón: ejercer responsablemente una misión, que se ha elegido voluntariamente como contribución específica al mayor bienestar de las personas, de las familias y de la comunidad. Algunos llamamos a esto “vocación”. La motivación intrínseca se pone en marcha para no desfallecer y cumplir con las exigencias éticas y deontológicas de una profesión con altísimas cotas de valoración por parte de los pacientes.

Me pregunto hoy en este rincón. ¿Quién cumple con la exigencia ética de cuidar al cuidador?, ¿Quién recompensa y cómo tanta responsabilidad y dedicación? ¿Quién pugna por hacer las cosas un poco más fáciles a quien tanto dedica a la sociedad? Responder a esto será objeto de próximas reflexiones…

Rafael Lletget

Autor Rafael Lletget

Tratamos de recuperar la esencia de la perspectiva humanista buscando su lugar en el ámbito de los cuidados enfermeros. El ser humano , más allá de eslóganes y frases oportunistas, constituye el centro de la praxis enfermera.

5 Comments

  1. Vanessa Suárez Camacho

    Muchas gracias por entender con tanta empatía la situación de las personas que desempeñamos esta profesión, antes que profesionales somos personas con sentimientos, penas, obligaciones, miedos y frustraciones pero siempre siempre sacamos fuerzas para ayudar a los demás. 🙏🙏🙏🙏Mil Gracias.

  2. Karen

    Esa es la verdad, nadie absoluramente nadie se preocupa de la persona ENFERMERA, quizas eso tenga como consecuencia que el quehacer de enfermeria se vuelva rutinario al tener la desazon del no reconocimiento de su trabajo

  3. María Jesús Zapiraín
    Mª Jesus Zapirain Mancisidor

    Estoy totalmente de acuerdo con tu reflexión. Respecto de tus preguntas lo veo de esta manera:
    ¿Quien cumple con la exigencia ética de cuidar al cuidador? Pues, yo creo que uno mismo, porque también es una responsabilidad individual, dado que ademas no hay administración sanitaria que se ocupe e este tema.
    ¿Quien recompensa? Sin duda el trabajo bien hecho y esa» vocación» de la que tu hablas.
    Tal y como están las cosas, es fundamental que cada uno se motive y todo lo que te pueda llegar desde fuera, sera sobre añadido.

  4. Elisa

    cuánta verdad! Me lo plantee siempre! Quien nos cuida!!!

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