A nivel colectivo culminamos el año más extraño, inquietante y doloroso que nos permite recordar nuestra memoria, el año en que nuestra vida cambió de repente por culpa de un agente infeccioso. Hemos renunciado —forzosamente— a viajar, a salir hasta tarde, a una libertad que no valorábamos lo suficiente. Pero el caso es que el ser humano es más civilizado de lo que se presupone y la mayor parte de la población obedecemos las normas de distancia e higiene, llevamos nuestra mascarilla e intentamos minimizar el riesgo de contagio.

Porque hemos podido comprobar lo que ocurre cuando este coronavirus se desboca, hemos visto morir a mucha gente por no tener una cama de UCI a su disposición o un simple respirador. Resulta frustrante y triste no poder pasar tiempo con muchos familiares y amigos, tener contacto a través de videollamadas, que los abuelos no puedan abrazar a sus nietos y la tradicional efusividad que nos caracteriza se haya esfumado y, en general, nos comportemos como fríos habitantes de una república báltica donde los abrazos son hasta incómodos.

Llega la época más entrañable, la Navidad, los momentos donde compartir mesa y mantel con la familia. Sí, cuesta renunciar a unas navidades a las que estábamos acostumbrados, con reuniones, cenas, fiestas multitudinarias y paseos por el abarrotado centro de las ciudades para ver las luces. Pero si ya hemos cambiado nuestras costumbres y sabemos que lo hacemos por el bien común, por la salud de los que más queremos y de los mayores, de nuestros vecinos y de todos en general, entonces ¿por qué no seguir respetando las normas de la nueva normalidad durante las fiestas navideñas? ¿Acaso no es mejor tener una Nochebuena o Nochevieja más restringida este año a que en la del año que viene falte alguien a la mesa?

Por favor, hagamos entre todos el esfuerzo de seguir cuidándonos y mantener las medidas que garantizan nuestra salud. Este 2020 quizá sólo sea un borrón en una larga vida, que no se convierta en una fecha en la que llorar por alguien a quien queremos.

Autor: Florentino Pérez Raya

Florentino Pérez Raya es el presidente del Consejo General de Enfermería

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